Capítulo III. Últimos detalles, la contratación de la tripulación.
23 de noviembre de 1864. Santa Cruz de Tenerife.
El barco está prácticamente listo para la partida. Rafael Méndez ha hecho un extraordinario trabajo en la nave.
Ha pintado de nuevo las letras borrosas del nombre del barco que eran ilegibles. Ahora en la popa se lee claramente Cruz del Sur. En estos días debo resolver los últimos permisos y los sanitarios deben ir a inspeccionar el barco. A partir de mañana también tendré que comunicarle a Rafael Méndez que debe buscar a la tripulación necesaria para la nave. Me ha dicho que con tres marineros se pueden cubrir perfectamente las necesidades del barco, así como otro hombre que se encargue de la administración de los víveres, el agua y la cocina. No creo que sea tarea difícil para un hombre con el carisma de Rafael, ya que es muy respetado entre los marineros del puerto.
3 de diciembre de 1864. La Laguna.
Mi mano aún tiembla un poco a la ahora de escribir estas letras, y es que he estado en cama cinco días, los peores cinco días de mi vida. Todo comenzó a mi regreso a La Laguna cuando empecé a sentir unos mareos y me desplomé literalmente en el suelo. Me acompañaba Simon en el regreso y gracias a ello pude ser atendido rápidamente. El médico de la ciudad me visitó y me mandó un rápido tratamiento para las altas fiebres que se apoderaron de mí. No recuerdo nada de esos días más que un pequeño murmullo de gente siempre a mí alrededor. El Señor Hamilton me ha comentado que su mujer Teresa y su hija María no se separaron de mí en todos estos días, lo cual les agradezco profundamente. El doctor no ha sabido decirme con exactitud que fue lo que me sucedió. Pudo haber sido por el cansancio acumulado en los últimos días y por la falta de sueño, ya que desde que he llegado a esta isla no suelo dormir más de seis horas. He superado las fiebres y estoy bastante restablecido. En estos días Simon se ha encargado de bajar al puerto y comunicarle a Rafael mi estado y el motivo de mi ausencia.
5 de diciembre de 1864. Santa Cruz de Tenerife.
El médico me prohibió totalmente el trayecto a Santa Cruz en el día de ayer, pero ya hoy le he dicho que era necesario presentarme y aquí estoy. Rafael lo tenía todo preparado. Cada vez me encuentro más cómodo con él. Es una persona muy inteligente y conocedor de sus labores. Ha contratado a los marineros, dos de ellos ya habían trabajado con él anteriormente, en uno de los barcos pesqueros, y el otro es un experto marino de la isla de La Gomera. Ángel Cruz es natural del pueblo de San Andrés, con una larga experiencia en el mar, es bastante mayor que Rafael, pero se ve que es un hombre curtido y fuerte. Bernardo Camacho es natural de la isla de Porto Santo en Madeira; su familia se trasladó a las islas Canarias cuando él era un niño y es un experto marino. Por último, José Espinosa, procedente de la isla de La Gomera y tras haber sido pescador en sus costas se ha embarcado en dos ocasiones hacia América en veleros de gran envergadura. De momento los marineros desconocen el motivo de nuestro viaje. Se les ha comunicado que embarcaremos durante varias semanas y que forman parte de una expedición científica, siendo sus únicas labores las del barco. Llegado el momento oportuno se les pondrá al tanto de la ruta que seguiremos y que buscamos la isla de San Borondón. No me interesa que se divulguen demasiado rápido nuestras intenciones, ya que podrían querer enrolarse gentes que sólo busquen el beneficio y el reconocimiento del descubrimiento. Ya ha comenzado a hacer frío y el clima de Santa Cruz me sienta mejor. Iré mañana a La Laguna y le comunicaré al señor Hamilton mi intención de trasladarme ya a Santa Cruz, no sólo por el clima, sino por la cercanía de mi partida.
7 de diciembre de 1864. Santa Cruz de Tenerife.
Hoy ha sido un día muy emotivo. Me he despedido de mi estancia en la ciudad de La Laguna y de los extraordinarios anfitriones que han sido los señores Hamilton y su familia. Han hecho que me sintiera prácticamente como en mi casa de Londres. El señor Hamilton ha dispuesto la diligencia y un carro para transportar todos nuestros enseres. Ha bajado con nosotros a Santa Cruz, ya que su intención es que nos alojemos en las habitaciones que posee en la parte superior de sus almacenes. No quisiera molestar más a esta extraordinaria persona que se ha portado conmigo como si fuese un hermano.
8 de diciembre de 1864. Santa Cruz de Tenerife.
Ya estamos instalados en la casa de Hamilton. Anoche dormimos de nuevo en el Hotel Inglés mientras hoy se han encargado de acondicionar las estancias para nuestra comodidad. Esta mañana el señor Hamilton visitó el barco y le pareció que se encontraba en unas condiciones inmejorables. Felicitó personalmente a Rafael Méndez.
Hemos fijado el día de nuestra partida para el 18 de diciembre. Si todo sale bien, ese día espero estar rumbo a mi isla. Nuestro primer destino será la ciudad y el puerto de Santa Cruz de La Palma, ya que el padre Moore me ha recomendado que visite los archivos que poseen en la Iglesia de San Salvador.
12 de diciembre de 1864. Santa Cruz de Tenerife.
Anoche hizo bastante frío en Santa Cruz y esta mañana el cielo está cubierto de nubes muy altas y estáticas. La noticia llegó en la mañana de hoy. Ha caído una extraordinaria nevada en el pico del Teide. Desde Santa Cruz no logra verse el majestuoso pico, pero nos hemos trasladado hacia el pueblo de San Andrés por un estrechísimo camino que bordea la costa y en la entrada del pueblo hemos podido ver la cumbre totalmente nevada.
18 de diciembre de 1864. Santa Cruz de Tenerife.
Sólo hay malas noticias. El tiempo no mejora, lo que me ha obligado a suspender la salida de la expedición. Está lloviendo de forma torrencial e incesante desde hace tres días. He hablado con Rafael y esto es algo totalmente inusual. El mar está intratable, con grandes olas y muy revuelto. Las embarcaciones en el muelle parecen hojas de árboles que se mueven al antojo de las corrientes. Me preocupa que pueda pasarle algo al barco. Espero que la lluvia cese de una vez y el mar se tranquilice. Quizás sea una señal.
21 de diciembre de 1864. Santa Cruz de Tenerife.
Ayer paró de llover y la ciudad parece otra. Las calles son auténticos barrizales en los que los niños no hacen más que saltar y chapotear. El mar sigue sin mejorar. Desde hace una semana no entra ni sale ningún barco del puerto. He hablado con Rafael y me ha dicho que ve poco probable que podamos partir antes del final de año.
26 de diciembre de 1864. Santa Cruz de Tenerife.
Las condiciones meteorológicas por fin son favorables. Hace unos días se restableció el tráfico marítimo de la isla. Ayer fue el día de Navidad y el señor Hamilton y su familia nos invitaron a Simon y a mí a pasar el día junto a ellos. Nos han dado ánimos y han augurado un gran éxito a la expedición.
Rafael Méndez me ha aconsejado que debido a las fechas en las que estamos, es mejor esperar a la primera semana del año para la partida. Además, en enero comienza a aflojar la fuerza del mar lo que será más propicio para la expedición.
1 de enero de 1865. La Laguna.
Ha comenzado un nuevo año. Este será mí año, el de San Borondón. Llevo ya tres meses y medio en Tenerife, no creí que me fuese a llevar tanto tiempo preparar la expedición ya que tenía muy claro todos los puntos a seguir, pero sobre el terreno todo es muy diferente. La burocracia siempre haciendo de las suyas, y luego, el tiempo. Sólo deseo que después de la mala pasada que me ha jugado a partir de ahora, se comporte como es debido y sus vientos dirijan mis velas hacia los territorios desconocidos.
5 de enero de 1865. Santa Cruz de Tenerife.
Hoy he recogido los últimos permisos para la partida que será inminente. Simon se ha acercado al Castillo de San Cristóbal en el que le guardaban las armas y la munición que hemos de llevarnos. Ha traído un revólver y dos fusiles cuya existencia desconocía.


